martes, 16 de diciembre de 2008

Una historia repetida



Todos los años con la llegada de los primeros fríos también llegan los primeros casos de asfixia con monóxido de carbono. Es increíble que en el siglo XXI todavía tengamos muertes por esta causa, es increíble que todavía alguien no tenga más opciones que las de calentarse con un brasero.
¿Por qué son tan mortales los braseros?, la respuesta está, obviamente, en el monóxido de carbono (CO) que desprenden cuando la cantidad de aire ambiental es insuficiente para que se produzca una adecuada combustión.


2C+3O2+2H→2CO2+2H2O
(Combustión con cantidad de aire suficiente)

C+O2+2H→ CO+H2O
(Combustión incompleta con cantidad de aire insuficiente)



Este gas no produce una típica asfixia por sofocación, produce una asfixia a “nivel sanguíneo”, esto es: los glóbulos rojos utilizan un compuesto llamado hemoglobina para transportar el oxigeno por nuestro cuerpo, ahora bien, el monóxido de carbono tiene una mayor “afinidad” química con la hemoglobina que el oxigeno, ergo le “gana de mano”, ocupa el espacio que debía ocupar el oxigeno, lo hace de manera irreversible y se produce la muerte.