domingo, 21 de diciembre de 2008

Nuevo mundo


Toda la población mundial estaba pendiente de esta misión; por primera vez nos acercábamos a un planeta al que sabíamos habitado con una especie inteligente. Esta empresa requirió mucho esfuerzo, pero lo logramos.
Rememoro cuantos fueron los avances necesarios para este viaje: romper el límite físico de la velocidad de la luz, el diseño de nuevos materiales, nuevos alimentos, el revolucionario sistema de navegación. Científicos de todo el planeta trabajaron incansablemente en esta nave.
Los más renombrados expertos me prepararon durante mucho tiempo para poder resolver cualquier problema comunicacional con una especie desconocida, por supuesto antes de cualquier contacto habría una etapa de investigación, pondría mi nave en orbita y tomaría imágenes, intentaría captar cualquier señal de un posible sistema de comunicación para saber más de la vida en el planeta.
Fue increíble descubrir que en el nuevo planeta toda la vida inteligente se desarrollaba en un océano, no había indicios de alguna fuente activa de energía termoeléctrica, atómica, eólica, ni de ningún otro tipo, todo estaba en ruinas, era un mundo “apagado” y no necesitaba ser de otro modo, los seres que habitaban en el agua podían prescindir de todo aquello.
Dialogar con ellos fue revelador, me relataron que las ruinas que se observaban en suelo firme pertenecían a una especie que dominó el planeta hace mucho tiempo y extinta por propia mano. La misma que les puso el nombre con que se hacen llamar, no sé como escribirlo pero suena como… “dolphinis” o “dulfinis”.